Etiquetas

, , , ,

ef0cec7950b63ceedf47faecddaa3374Cae la tarde y yo ando por casa con la mente puesta en la lista de cosas que me quedan por hacer. La luz, que hacía un momento iluminaba la estancia, se vuelve tenue. El cambio de temperatura es patente por lo que voy en busca de abrigo. La curiosidad hace que me dirija a la ventana más cercana. Escucho voces al otro lado y el miedo me hace recelar. Algo extraño está pasando ahí fuera que me mantiene alerta. Me digo que son tonterías mías, que las voces no pueden pertenecer a nadie pues me encuentro en la planta alta de la vivienda.  

b736b94c41f8525139e4a45e28c1b27cLevanto con decisión mi mano para apartar las cortinas y tardo largos segundos en procesar lo que ven mis ojos. La montaña de origen volcánico que suelo ver desde mi ventana ha desaparecido. No hay casas, ni asfalto, nada que me recuerde a la civilización moderna. Una amplia pradera se extiende ante mí, lo cubre la hierba salpicada de manchas violetas producidas por el brezo escocés. Algunas rocas, rodeadas de arbustos de más altura, se encuentran próximas a donde me encuentro. Abro una de las hojas para asomarme al otro lado. El frío es tan intenso que no puedo dudar de su existencia. Me maravillo con las vistas mientras me apoyo en el alféizar para adentrarme un poco más en el nuevo mundo que estoy descubriendo.

fef054e0693711b4d407ddb330488601Las voces vuelven a alzarse; y a mi casi se me detiene el corazón al toparme con la imagen de una joven surgiendo de los arbustos. Me entra el pánico, pero mis ojos recaen en ella y detienen mi huida. Su sonrisa y su caminar son pausados mientras se acerca.

—¿Os gusta lo que veis?—me pregunta.

Yo solo puedo asentir devolviéndole la sonrisa.

—Lo habéis creado vos.

Mis ojos se empañan al comenzar a entender qué está sucediendo.

—¿Aila? —su nombre surge de entre mis labios más como una afirmación que como una pregunta.

—Así es.

Ella casi ha llegado a mi altura, reconozco sus ojos verdes rasgados y su cinturón con varios saquitos colgados, piedras incrustadas y raíces enrolladas en cuerda. Lleva una capa y un vestido de corte medieval sencillo. ¡He viajado al siglo XV!

—¿Sabes que si cuento esto me tacharán de loca?

—Cosas peores dicen de mí—responde con una sonrisa pícara mientras se encoje de hombros—. A veces olvido que ser bruja no es malo, que el insulto está en el modo en el que se expresa.

Close up on a man and a woman holding hands at a wooden tableEn ese momento me toma de las manos. Son cálidas y transmiten paz. Ella es la mensajera de Elphame.

—¿Aila, estás segura que te cree yo? Es que a veces dices cosas que no parecen muy mías.

—Esta manera de hablar, y de ser, que me habéis otorgado, me ha llevado a más de un conflicto; lo sabéis bien—Ella ríe y me contagio al momento—. Recibí señales que me alegraron, pues supe que por fin mi historia sería libre, ya no estaremos solo en vuestra mente.

—Sí, ahora serán otros los que se diviertan contigo, con Daimh, con Clarion, Irvyng…

4a0bfeae6e33cf5d8fb4cb2ba8f623d8Mientras enumeraba la lista de personajes alcé mi mirada. El susto fue inevitable y el salto que di fue tal que me agarré con fuerzas a Aila en busca de refugio. ¡Daimh me miraba! Estaba allí, de brazos cruzados, piernas separadas y sus ojos clavados en nosotras.

—¿Cuánto tiempo lleva ahí? —pregunté con la voz estrangulada.

—Es sigiloso, un buen guerrero. —me respondió al tiempo que se volvía para invitarlo a acercarse con un movimiento de cabeza.

Daimh avanzó y se alejó de los arbustos. Si en mi mente era un hombre imponente lo que mis ojos veían era la creación de los dioses hecha humano. Me felicito por mi buen tino en darle vida en el libro. ¡Qué hombre! Por supuesto no esperé una sonrisa por su parte, quien mejor que yo para saber que de él surgían muy pocas.

En cuanto estuvo cerca alargó el brazo para tomar la mano de Aila, esta desapareció en la suya, fue engullida. La diferencia de tamaño y fuerza bruta era evidente pero el gesto resultó ser de lo más tierno.

—Buen día. Es un honor presentarle mis respetos.

—Gracias por venir— ¡Uf! Qué voz que le he puesto, me digo para mis adentros.

Mi boca se seca ante el magnetismo que desprende el guerrero. Mi adoración por los highlander aumenta por momentos.

—Nos encontramos aquí, irrumpiendo en vuestros aposentos, con el fin de brindaros nuestros buenos deseos con la novela—me comenta la joven.

2effa668160171f77a3a98a71148e9abTardé unos segundos en apartar la vista de Daimh para posarla en Aila, el azul de sus ojos era demasiado atrayente. Me tengo que obligar a prestar atención a la hechicera.

—Agradezco el cariño y respeto con el que habéis tratado a las viejas creencias. Pediré a los dioses que nuestra historia conmueva a muchos lectores.

—¡Así lo espero! Estos días no hago otra cosa que dar las gracias, pero es así como me siento, muy agradecida—contesto con la sinceridad surgiendo de mis ojos—. Dime una cosa. No sé con cuánta frecuencia pasa esto pero si hay una próxima, podrías hacer que vinieran los demás. Me encantaría verles así de reales, como me pasa ahora con ustedes.

—Irvyng no confía mucho en vos—contesta Daimh mostrando cierta chispa burlona a través de su mirada—. A mí no me debe ese mal genio, me temo.

—Ya, mira que lo hice bruto. ¿Verdad? —No me ofendo porque sus palabras son ciertas pero aprovecho para seguir indagando—. Espero que continúe con su cariño hacia ustedes. Parece un bravucón pero en el fondo es noble. ¿Y qué me dicen de Kenza? ¿Y los demás?

—Ella continúa en el castillo de Craig, ahora ayuda a lady Meribeth con los niños. Les enseña a leer y a escribir.

—¡Cuánto me alegro!

—A Clarion le sigue acompañando el buen humor y Archie se ha vuelto la mano derecha de Alistair.

 e4811914f4e1dfbc8802250543c485e4 (1)Aila se vuelve hacia los arbustos, parece escuchar algo que ni Daimh ni yo distinguimos. No se me escapa el cambio de color en los ojos de ella. Cuando cruzo mi mirada con la del guerrero este se encoge de hombros a la espera.

—Debemos partir—termina por decir la joven hechicera—. Es tiempo de volver. Tomad, os hago entrega de este pequeño obsequio. —ella encierra su mano sobre la mía— Ojalá la luz acompañe vuestros pasos, que la madre tierra vuelva fértil vuestra imaginación y que los espíritus que habitan los elementos os ayuden en momentos de oscuridad.

La voz suave, cargada de un misticismo jamás experimentado, me mantiene en un estado de ensoñación que no logra que recuerde qué balbuceo. Sólo sé que no puedo dejar de lanzarme a sus brazos para despedirme de ella.

il_570xN.380631340_avigPor su parte, Daimh inclina la cabeza a modo de despedida llevando su cuerpo hacia atrás sin terminar de hacer una reverencia. Cuando vuelvo a recaer en su rostro, este muestra una sonrisa pesarosa, que curva su boca hacia un lado, mostrando la expresión más embriagadora que haya visto en mi vida. Mi estómago se encoje y pestañeo con emoción sin demorar en responderle con otra, mucho más obnubilada. Y los veo partir, tal y como llegaron, en calma, sin prisa, disfrutando de una época en la que el tiempo lo marca el lento viaje del sol por el firmamento y no el minutero de un reloj. Cuando me vuelvo al interior recuerdo que algo dejó la mensajera de Elphame en mi mano. Al abrirla encuentro una gran piedra de cuarzo rosa: mineral que llama al amor y a la amistad.

 

 

9788416970391

2 de Octubre 2017

Anuncios