Jane Hormuth · Más allá de los Sentidos

Más allá de la Ventana

Roces de finas ramas se arrastran a través de nuestro cristal. Una espesa arboleda crece cubriendo las vistas de la ventana a tal velocidad que quedamos algo aturdidos. El crujido de las ramas continúa a medida que las hojas verdes se aprietan contra el vidrio, dejándonos en una semioscuridad con tintes verdosos. Son finos los rayos de sol que logran atravesar la espesura del forraje. El crecimiento de la vegetación se detiene de la misma forma que comenzó a crecer. Nos acercamos con cuidado sin saber qué podemos atisbar entre tantas ramas y hojas frescas. Con cuidado giramos el pomo de la ventana liberando la presión del arbusto contra el cristal. Enseguida, el olor a vegetación se adentra en la estancia seguido de varias ramas cargadas de hojas verdes.

Apartamos las finas ramas para conocer qué nos quiere mostrar la Ventana. Logramos asomarnos para darnos cuenta de que el suelo no se encuentra muy lejos, permitiéndonos saltar al otro lado con facilidad. Nos arrastramos dejando que las ramas rasquen nuestra espalda y dejamos que nuestras manos palpen la tierra húmeda en la que nos apoyamos. Tras varios metros de recorrido, comenzamos a escuchar sonidos de cascos de caballos, conversaciones de viandantes y algún vehículo de tiro cruzando veloz a pocos metros de donde nos encontramos. Nos detenemos por miedo a ser vistos, buscamos un hueco en el inmenso arbusto que nos esconde e intentamos averiguar qué sucede al otro lado.

Pocos segundos después entendemos que hemos viajado al s.XIX, el tipo de vestimenta, andar distinguido y conversaciones superfluas nos hacen sospechar que nos encontramos en el mayor escaparate del Londres victoriano: Hyde Park. Muchas de las personas que pasean cerca de donde nos encontramos hablan de la presencia de alguien.

Es ella. Esa pobre mujer. Es la señorita Bain si mal no recuerdo. Pobre condesa, al parecer se hizo cargo de ella desde muy joven. Es la hermana ciega que acompaña a los condes siempre que puede. Es un horror andar con esa mujer a cuestas. Qué lástima.

Todos los comentarios que giran en torno a la lamentable situación de la nombrada señorita Bain nos prevé de lo que nos encontraremos. Tras pasar varios minutos esperando, por fin nos topamos con la imagen de la invidente hermana de las condesa de Wiltshire. Nada nos hace pensar que es una persona insegura, débil y digna de lástima como los comentarios anteriores nos aseguraban. Ante nosotros aparece una mujer de redondeadas curvas luciendo un vestido de amplia falda extendida con crinolinas, la identificamos como la condesa. A su lado una joven camina con garbo, vestida con ricas telas, faldas menos voluptuosas, andar firme, barbilla alzada y gran atractivo. Dos detalles nos indican que estamos ante una invidente, un galgo negro estilizado camina a su lado y un bastón ricamente decorado se balancea en su mano.

Ambas mujeres mantienen una acalorada conversación. La señorita Bain se detiene a nuestra altura y frunce el ceño mientras inclina la cabeza. Parece estar escuchando algo, por un momento creemos haber sido descubiertos. Intentamos no movernos y apenas respirar.

—¿Qué sucede Alison?—pregunta Adelaide.

—Alguien nos observa, hay alguien escondido.

—Será algún vagabundo, querida. Dejémosle en paz, bastante tendrá el pobre con su situación.—Adelaide se encogió de hombros para centrarse de nuevo en la conversación que tenía pendiente con su hermana—Como te decía, entiendo que te aburras sin más misiones para la corona, pero no puedes lanzarte a tomar como tuyo cualquier problema ajeno. Debemos tener cuidado. Nadie puede sospechar de los servicios que prestas al conde.

—¡Pero estoy tan aburrida!—protestó Alison—Estoy cansada de fingir ser una ciega inútil. Los chismes que capto en los salones ya no me divierten, necesito trabajar, pasar a la acción.

—Todo a su debido tiempo, lamentablemente el gobierno británico tiene varios frentes abiertos en el mundo y el conde necesita de sus espías. Pronto habrá nuevas misiones.

Antes de continuar su camino Alison se volvió hacia nosotros, se inclinó y susurró.

—Sé que estás ahí y algo me dice que no debes quedarte mucho tiempo. Anda, vuelve por dónde has venido.

Aunque los sentidos de la joven le habían revelado información sobre nosotros, pudimos observar su mirada perdida de ojos verdes y la sonrisa pícara que mostraron sus labios. Antes de verla desaparecer comprendimos que estábamos ante una mujer de fuerte carácter, inteligente y con una historia apasionante que contar.

Portada

6 de Julio 2015

En la ventana con Jane · Jane Hormuth

En la Ventana con Jane

En esta ocasión es la autora Jane Hormuth quien se sienta en la ventana. Se acomoda en el alfeizar subiendo las piernas y rodeándolas con los brazos. ¿Qué confidencias tendrá para compartir con nosotros?

    Me gustaría hablarles de la primera novela que escribí. Instrumentos del Destino. Hace diez años que me senté a esbozar la historia de Ciara y Andrew. La premisa de la que partí fue la de imaginar qué nobles normas se romperían si una mujer a mitad del s.XIX lograra gestionar una gran fortuna después de encontrar argucias legales. Al ser lectora más que escritora me ubiqué en la gloriosa época victoriana. Un siglo lleno de cambios de todo tipo, tecnológicos, graográficos, políticos, y como cabía de esperar sociales. Entre tantos avances la rígida y encorsetada sociedad inglesa se negaba a aceptar a la mujer como un ser inteligente e independiente. Much@s bufarán, otr@s reirán, pero sí, era así… y lo que nos queda.

       En definitiva, Ciara Graham nace de las ganas de crear un personaje rompedor, que se enfrentara a la sociedad de la época y siguiendo mi vena romántica, derribara los muros de un frío y noble corazón inglés. Y ahí se encuentra Andrew, un conde con alma burguesa y ego encaprichado.

IID Jane Hormuth

            En un momento de la historia los personajes se encuentran en el teatro de York. Ciara es presentada al señor Goulden y este a su vez presenta a su hija pequeña Emméline Goulden. Quise introducir a esta niña y a sus padres en Instrumentos del Destino pues me parecieron una familia digna de admiración. Muchos lectores recordaran que la pareja formada por el matrimonio Goulden ayudan a Ciara a integrarse en la alta sociedad y a Andrew en sus dudas sobre las mujeres fuera de lo común. La hija de ambos, Emméline, no es otra que la conocida por la Historia como Emméline Pankhurst; que a pesar de lograr el sufragio femenino (entre otras muchas mujeres y hombres) no pudo evitar llevar el apellido de su marido en vez del propio. En la novela se hace un guiño a la posibilidad de que Ciara haya intervenido en su espíritu justiciero, como se sabe que ocurrió en la vida real con las mujeres de su entorno.

A todos los que quieran conocer un poco más sobre Emméline,

les he buscado un resumen de su biografía.

Emmeline-Pankhurst-sufragette-who-fought-for-the-right-for-women-to-vote Emméline Pankhurst es uno de los nombres más importantes en la historia del sufragismo en la Inglaterra de principios del siglo XX. Emmeline vivió rodeada de personas defensoras de los derechos femeninos, ya fueran hombres o mujeres. Sus padres, su marido y sus hijas, creían en la necesidad de cambiar la sociedad y dar a las mujeres un papel más activo en el mundo que avanzaba a pasos agigantados. Pero el camino no fue fácil. Emmeline fue detenida en varias ocasiones, quedó viuda de manera prematura y acusó en su vida personal la dificultad que comportaba dedicar todos sus esfuerzos a una causa que, al menos, pudo ver materializada antes de morir. Pues fue gracias a Emmeline Pankhurst y muchas otras sufragistas que en 1928 se aprobó el derecho al sufragio femenino en Inglaterra.

Una familia moderna en la Inglaterra victoriana

Emmeline Goulden nació el 15 de julio de 1858 en Manchester en el seno de una familia con ideas más bien modernas en aquellos años. Su padre, Robert Goulden, era un hombre de negocios implicado en la vida política de su país defendiendo los derechos civiles de hombres y mujeres. Su madre, Sophia Crane, descendía de una familia con una larga tradición de defensa de los derechos femeninos.

Robert y Sophia ofrecieron la misma educación a todos sus hijos, ya fueran niños o niñas. El matrimonio Goulden tendría hasta diez hijos. Así, la pequeña Emmeline, pudo estudiar primero en una escuela de Manchester y posteriormente a un colegio en París, el École Normale de Neuilly. Además de una educación privilegiada, Emmeline vivió una infancia rodeada de cultura, pues su padre era un amante del teatro y llegó a comprar un teatro en Salford, y acudía con su madre a actos políticos.

La sufragista Emily Pankhurst dando un discurso en Trafalgar Square, Londres 1908.
La sufragista Emily Pankhurst dando un discurso en Trafalgar Square, Londres 1908.

Deseo que a les haya gustado esta confidencia y que anime a muchos a introducirse en la historia de Ciara Graham y Andrew Sommerset. Espero volver a sentarme en la ventana y compartir más secretos. Prometo que los hay. 

portada IDD

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