Sentados en la ventana

Cerramos postigos…

Hoy escribo en este blog para comunicar que volvemos a decir adiós a dos historias más. El 31 de Diciembre de 2019 los postigos que se mantenían abiertos se cerrarán y con ellos las novelas Seducir a lady Palmerstone y Descubrir a la señorita Townsend. Estas hermanas se despiden del público tras varios años viajando entre los lectores. 

Desde aquí quiero agradecer a cada una de las personas que se asomaron a Ventana al Pasado y disfrutaron con sus personajes. Gracias a Romantic Ediciones por darles una oportunidad y gracias por mantener estas dos historias vivas. Este año que termina no se puede calificar de otro modo como de recogimiento. 

 

Quien sabe si algún día Gowan y Edyna volverán a los salones de bailes victorianos o si los Fitz-Roy seguirán en buena sintonía con la familia judía Rothschild. Solo espero que continúen al otro lado de la Ventana para cuando suceda.

Descubrir a la señorita Townsend·En la ventana con Jane·Jane Hormuth

En la Ventana con Jane V

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Hoy traigo una nueva confidencia. Esta vez quisiera hablarles de una mujer cuya historia me atrapó: Hannah Primrose, condesa de Rosebery.

Si en la última ocasión les hablé de la madre de Arthur, hoy quisiera hablarles de su prima.

Ambas zarandearon mi imaginación, ambas formaron parte de la vida real y ambas se llamaron Hannah. 

Hannah de Rothschild nació en 1851 en un mundo de gran riqueza y lujo. Ella era la nieta de Nathan Mayer Rothschild, fundador de NM Rothschild & Sons, la rama Inglesa del imperio bancario de los Rothschild. Niall Ferguson señala en la Historia de la Casa de Rothschild que en el siglo XIX  la propia familia se consideró lo más parecido a la realeza judía de Europa.  Esto no era estrictamente cierto pero las propiedades Rothschild y sus colecciones de arte, en Inglaterra, Austria, Francia y Alemania, sin duda alguna rivalizaron con las coronas de europeas. Sigue leyendo “En la Ventana con Jane V”

En la ventana con Jane

En la ventana con Jane IV

Con motivo de la publicación de la novela Descubrir a la señorita Townsend, Jane Hormuth se sienta en la ventana para revelarnos algunos secretos sobre qué le inspiró esta historia. 

braid-hairRoselyn Townsend fue un personaje que tomó forma en Seducir a Lady Palmerstone. La hermana de la vizcondesa se presenta como una joven inocente, agradecida con la vida, que intenta asumir el rol que las sociedad inglesa establece para una mujer de su posición. Las ilusiones de Roselyn se centran en encontrar el amor dentro de un matrimonio consagrado por un título nobiliario y las ideas románticas que crea alrededor de este. 

Cuando comencé a darle forma a la novela me propuse ofrecerle a Roselyn un amor muy distinto al que ella espera.

Sigue leyendo “En la ventana con Jane IV”

Descubrimientos tras la Ventana·Descubrir a la señorita Townsend

Descubrir un viaje más…

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Sin previo aviso las hojas de la ventana se abren con fuerza. El golpe de viento agita las cortinas alertándonos. Nos acercamos con rapidez para cerrarla pero el bullicio que surge al otro lado nos detiene. Tal y como vino, el viento cesó y todo volvió a su lugar; salvo la ventana abierta. 

 

Ante nosotros aparece una pesada cortina aterciopelada como único paisaje. Comenzamos a mover los pliegues para poder conocer qué señales nos trae en esta ocasión Ventana al Pasado, pero el tejido es pesado y las voces del otro lado noS hace ser precavidos. Con suma lentitud logramos que una luz ambarina nos muestre el lugar donde nos encontramos. Nos sentamos sobre el alféizar para estar más cómodos y poder sostener la cortina con mayor facilidad.  Sigue leyendo “Descubrir un viaje más…”

Descubrimientos tras la Ventana·Descubrir a la señorita Townsend·Jane Hormuth

Descubrir una historia más…


909adedd88906e5fd230f6305f2d7e1aCae la noche y la oscuridad engulle nuestra estancia de manera abrupta. El telón opaco que cubre nuestra ventana nos indica que tendremos un nuevo viaje al pasado. Nos acercamos ansiosos de conocer las nuevas aventuras que nos trae. Al abrir las hojas de la ventana no s extrañamos al no sentir en nuestro rostro la brisa del exterior. Inclinamos nuestro cuerpo y descubrimos la oscuridad del otro lado, donde nuestro olfato capta un profundo olor a madera encerada. Apoyamos nuestras manos en el alféizar para darnos impulsos y… SALTAMOS!

Caemos sobre suelo de madera en una estancia casi desierta que produce eco. El silencio es absoluto. A nuestra izquierda detectamos una luz débil, ambarina y danzante. Nos dirigimos hacia la puerta abierta que nos lleva a otra sala en penumbra. Antes de cruzar el umbral nos detenemos al escuchar un ruido. Con sigilo nos deslizamos a través de la pared y una vez nos encontramos de rodillas, asomamos la cabeza para husmear en la sala contigua.

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