El Rumor de las Folías

En el Umbral del Tiempo

La tarde del 27 de febrero el barullo de personas hablando al otro lado nos indica que hay nuevas visiones. Nos impresionamos cuando la ventana no muestra paisaje alguno, sino unas oscuras escaleras que descienden mientras las voces se amortiguan. Esta vez la curiosidad decide por nosotros. Nos impulsamos sobre el alféizar para cruzar y colocarnos en el primer escalón.  Comenzamos a bajar las escaleras deteniéndonos a leer un cartel pegado a la pared que nos informa del mágico evento:

INVITACIÓN EL RUMOR DE LAS FOLIAS ARUCAS

Al darnos la vuelta para ver si la ventana continúa donde la dejamos, nos sorprendemos con las tres personas que nos siguen inmersas en una discusión.

-¡No me puedo creer que me fueran a dejar atrás otra vez!- doña Eugenia de riguroso luto y bastón en mano agarró del brazo a Tomás para comenzar el descenso- Aquí en Arucas tengo grandes amigos y seguro que muchos me recordarán. Dejarme a mí sin ir, mira que son ruines, menos mal que…

-Madre, las personas que nos esperan vienen del año 2015- le contesta Tomás con tono resignado y sonriendo al mirar hacia atrás y ver que Luisa ponía los ojos en blanco.

-Y de gracias que sus posibles conocidos lleven tiempo muertos- respondió Luisa- porque más de uno saldría corriendo al verla y no queremos eso para esta gente tan buena- Luisa sonrió maliciosamente al provocar el mal genio de la señora. Antes de que doña Eugenia replicara, Luisa nos descubre y alza la mano para saludarnos con una amplia sonrisa- Ah pero miren, hay alguien más abajo.

Nosotros le devolvemos la sonrisa, dejamos pasar a la anciana del brazo de Tomás, contestamos al saludo con cierto asombro, mientras observamos que Luisa llega a nuestra altura y  nos cuenta lo que sucede.

-Te estarás preguntando qué es todo esto ¿verdad?- pregunta Luisa- Nos encontramos en un túnel que nos lleva a un lugar de encuentro entre el pasado y el presente- entrecerró sus ojos azules sopesando algo antes de aclarar- Bueno, más bien tu presente, porque el nuestro ya pasó – Luisa rio meneando la cabeza de un lado al otro ante el absurdo de la situación- El caso es que hoy, las personas que han oído hablar de El Rumor de las Folías, podrán palpar y sentir nuestra historia de un modo muy especial. El bisnieto de la librería Yaya donde solíamos comprar en Arucas, junto a un grupo de personas llamado Salsipuedes han obrado este milagro. Espero que a pesar del nombre nos dejen salir de aquí y volver al lugar que nos pertenece. Si no, imagínate a estos pobres teniendo que aguantar a doña Eugenia. ¡Maldita la gracia!

Luisa siguió parloteando mientras nos introducíamos en un lugar suspendido en el espacio y el tiempo.  Los tres personajes nos acompañaron durante la presentación donde disfrutamos del rincón de los recuerdos de la novela, descubrimos la historia del arcón y nos relajamos con el enyesque.

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Rincón con objetos simbólicos como la jarra con siemprevivas, la foto de Luisa, el pañuelo con las iniciales TW, el coche de Ramón y una máquina de escribir cuyas letras cobraron forma como El Rumor de las Folías.
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Actores encarnando a los personajes en el rincón del recuerdo , Yara Medina y la maleta que acompañó a Luisa en su largo viaje.
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Luisa junto a la máquina de coser
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Tomás Westerling, doña Eugenia y Luisa López
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ENYESQUE: queso de San Mateo, aceitunas con mojo, cerveza Tropical en botellín y vino recordando a “Mi niña Celeste”

El Rumor de las Folías

Al otro lado, Siemprevivas.

Al pasar junto a la ventana nos detenemos. No recordamos haber colocado aquella jarrita sobre el alfeizar. Al acercarnos, nos fijamos en la cerámica tosca de arcilla oscura con un asa pequeña y un mango como agarre. La brisa ligera mueve las flores que hay en su interior. Una sonrisa se nos escapa al intuir que la ventana nos mostrará algo nuevo. Abrimos impacientes las hojas, esperando ver a alguien que nos aclare las dudas. Nada. Tan sólo aquella jarrita con siemprevivas en su interior. Su color violeta intenso, combina con el verde de sus tallos. Al fijarnos mejor, nos damos cuenta que hay un trozo de papel escondido en el interior de la jarrita. Es una nota.

A decirle que la quiero, no me atreví en todo el día, a lo oscuro de la noche, se lo dirán las folías.

El Rumor de las Folías viene cargado de

Amor, Historia y Raíces canarias

La vida de Luisa López cabía en un arcón. Este guardaba infinidad de recuerdos, sueños truncados y experiencias grabadas a fuego. El día que decidió partir de Gran Tarajal, en los años de la Segunda República, no miró atrás. Luisa estaba decidida a emprender una nueva vida y escapar de un matrimonio de conveniencia impuesto por su propio padre. Dejando la tierra que la vio crecer, se concentró en buscar un oficio al otro lado del Atlántico, en Cuba. En el buque, cargado de emigrantes canarios de todas las clases sociales, conoce a la familia Westerling y el objeto de su viaje. Su futuro quedaría entrelazado a ellos irremediablemente. El amor que surge entre Tomás Westerling y ella se fortalece a medida que pasa el tiempo, logrando incluso sobrevivir a pesar de las dificultades personales, sociales y políticas.

Gran Canaria será testigo del cambio que se produce en ellos. Luisa irá alejándose de la joven ilusa que partió llena de ilusiones, para convertirse en una mujer decidida y valiente. Forjará amistades que la ayudarán a sobrellevar los años de la Guerra Civil en Canarias y serán testigos de los intensos sentimientos que Tomás y Luisa sienten el uno por el otro.

Esta novela narra la vida de dos personajes que viven en un mundo que se divide en dos. Las corrientes ideológicas, los cambios sociales, el papel de la mujer y la crisis económica dibujan el contexto en el que se desarrolla la historia. La narración lleva el espíritu y el sentir canario, plasmando las costumbres, expresiones y formas de vida que marcaron una época cuyos retazos llegan aún a nuestros días.

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Otras entradas de Ventana al Pasado que habla del Rumor de las Folías:

Enigmas desde la Ventana

Cómplices en la Ventana

Visitantes del Pasado

El Rumor de las Folías

Cómplices en La Ventana

Las vistas desde la ventana han cambiado. Si descorremos las cortinas nos encontraremos ante un paisaje que nos ofrece la imagen de un barranco. Nuestra curiosidad nos hace alongarnos y mirar al exterior. Nos encontramos en la segunda planta de una gran casa colonial. Hacia la derecha se extiende un gran valle de picón salpicado de vinagreras. El contraste del negro de la tierra volcánica junto al verde de los arbustos, hace que nuestra mirada se pierda hasta encontrarse con la pared de una caldera. Alguien aparece en el jardín de la casa. Un joven moreno de anchas espaldas, vestido con botas altas, pantalón de montar y  camisa de lino se sienta en los escalones de piedra y comienza a liarse un cigarrillo con la vista puesta en el barranco.

En el momento en el que intentamos llamarle, la visión de un grupo de campesino nos frena.  Entre ellos se encuentra la joven que habíamos visto la vez anterior. Su aspecto parece preocupar al joven, su espalda se tensa.  Se lleva el cigarro a los labios posando su intensa mirada en la figura, que con dificultad pero de andar felino, sube la gran cuesta. Una idea nos ilumina al contemplar el paisaje, las vestimentas y el aire puro. Nos encontramos en la década de los años 30 en la isla de Gran Canaria.  Pasados unos minutos, somos cómplices de la mirada que intercambian los jóvenes. Aunque aparentan ser el patrón y la sirvienta, sospechamos que detrás de la actitud de indiferencia que muestran, se esconde algo intenso.

Tardamos en reaccionar y como dicen los canarios; nos quedamos con la magua. En el próximo viaje al pasado deberemos ser más rápidos y saltar al otro lado para completar esta historia envuelta en misterio…

Deberemos desentrañar los mensajes que ocultan El rumor de las Folías

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